martes, 6 de enero de 2009

Jim Morrison - Plegaria Americana


Despierta
Sacudí los sueños de tu pelo
mi niño lindo, mi niño dulce
Elegí el día y elegí el signo de tu día
la divinidad del día
lo primero que ves.
Una playa vasta y radiante en una fría luna enjoyada
parejas desnudas bajan por su lado quieto
y nosotros reímos como suaves niños locos,
vanidosos en el cerebro de algodón lanudo de la infancia
La música y las voces están todo alrededor nuestro
Elegí –ellos cantan– a Los Antiguos
el tiempo ha vuelto otra vez
Elegí ahora –ellos cantan–
debajo de la luna
al lado de un antiguo lago
Entra de nuevo al bosque dulce
Entra al sueño caliente
Ven con nosotros
Todas las cosas están rotas y bailan
Indios esparcidos sobre la ruta de la madrugada sangrando
Fantasmas pueblan la mente del pequeño niño, frágil cáscara de huevo

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Yo y mi –eh– madre y padre –y una abuela y un abuelo– íbamos cruzando el desierto, de madrugada, y un camión cargado de indios obreros habían o chocado otro auto o –no sé qué pasó– pero había indios esparcidos por toda la ruta, desangrándose a muerte.
Entonces el auto frena y se detiene. Ésa fue la primera vez que sentí miedo. Yo debo haber tenido cerca de cuatro años –como que un niño es como una flor, su cabeza sólo está flotando en la brisa, man.
La reacción sobre la que me pongo a pensar ahora, mirando atrás –es que las almas de los fantasmas de esos indios muertos… quizá uno o dos de ellos… estaban corriendo alrededor, enloquecidas, y se metieron dentro de mi alma. Y aún están ahí dentro.
Indios esparcidos sobre la ruta de la madrugada, sangrando
Fantasmas pueblan la mente del pequeño niño, frágil cáscara de huevo
Indio, indio, ¿ para qué moriste?
El indio dice, nada de nada
………………………………………….
Gentilmente se revuelven, gentilmente se levantan
Los muertos son recién nacidos despertando
con furiosos miembros y almas húmedas
Gentilmente ellos suspiran en asombrado rapto de funeral
¿Quién llamó a estos muertos a bailar?
¿Era ésa la joven mujer aprendiendo a tocar la canción del fantasma sobre su gran bebé?
¿Eran ésos los niños del salvajismo?
¿Era ése el mismísimo dios fantasma, tartamudeando, riendo, charlando ciegamente?
Te llamé para untar la tierra
Te llamé para anunciar la caída de la tristeza como una piel quemada
Te llamé para desearte el bien
para glorificarte en esencia como un nuevo monstruo
Y ahora te llamo para rezar

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